Mentiras móviles

“Ahora que tenemos smartphone vamos a contar mentiras”, parece que dijera en estos tiempos la canción infantil que nos enseñaban en el colegio, porque a cada momento escucho diciendo cualquier tipo de cuentos a personas que ni siquiera conozco y a las que no les importa mucho que quienes estamos alrededor nos demos cuenta de sus engaños. A continuación una breve selección de mentiras cuyas víctimas incluyen acreedores, jefes, novias y esposas confiadas (y sus respectivas versiones masculinas).

5. No estoy en la ciudad. “Huy, hermano, qué pena pero no puedo ir ahora porque estoy fuera de Bogotá y llego hasta la otra semana porque se enfermó mi mamá y tuve que venir de emergencia al pueblo…sí…yo ya le tenía su platica lista…pero con este imprevisto tuve que gastármela, la mamá es la mamá… Noooo,  fresco que yo le pago a más tardar el próximo mes…seguro hombre, ¿cuándo le he fallado?…hermano ya tengo que colgar”. Eso fue lo que dijo antes de pararse de su silla, timbrar y bajarse del bus en la Avenida Boyacá con Autopista Sur.

4. Ya casi llego. “Espérame otro ratico mi vida, que ya estoy a diez minutos…ya voy a llegar…ya sé que llevas 45 minutos esperándome, pero no te vayas que estoy súper cerca…no te pongas bravita nena, ya sabes como son los trancones en esta ciudad…no, no pude salir antes…espérame…ya estoy llegando a la estación, me voy a bajar…hay mucha gente acá…ya te vuelvo a marcar”.  El bus de Transmilenio sí estaba llegando a una estación, pero no dónde él debía bajarse, aún le faltaban 5 o más para llegar, en ese tiempo creo que apagó el celular porque no volvió a usarlo.

3. Estoy enfermo. “Jefe no creo que vaya a trabajar, hoy amanecí con la reina de las gripas, me duelen hasta las uñas…¿que si ya terminé el informe que me pidió?…nop, pero en cuanto me sienta mejor retomo eso…si quiere se lo envío a su correo…gracias jefe es usted el mejor”, y también el más ingenuo, la llamada la hizo desde el bus en el que regresaba a Bogotá después de pasar el fin de semana en Melgar, tal vez el malestar, de existir, era causado no por una gripa sino por un guayabo de aquellos, quién sabe si al llegar logró sacar incapacidad en la EPS.

2. Está lloviendo. “Mi amor perdóname por no llegar al almuerzo con tu mamá, está lloviendo a cántaros por acá y ya sabes que he estado muy enferma últimamente, salir a mojarme no me conviene, me disculpas con ella, besitos”. Bueno, yo creo que esta mujer debía detestar o tenerle miedo a su suegra porque ni estaba lloviendo, ni se veía enferma, qué puedo decir, hasta la entiendo, la figura “suegril” me causa tanto pánico como la posibilidad de que ocurra un apocalipsis zombie.

1. Estoy juicioso en casa. “Me alegra que hayas llegado bien amorcito…sí ya comí y me voy a quedar acá en la casa viendo el partido de la Copa Suramericana…¿Qué? ¿Cuál ruido?…debe ser el televisor, ya le bajo el volumen para que me oigas bien”. Lo del partido era cierto, pero la llamada la estaba haciendo desde un bar en el que estaba con sus amigos, y la supuesta bajada del volumen consistió en irse para el baño a terminar su conversación.

Que esto de ser mentirosos no es nada nuevo, es cierto. Quién no recuerda el popular adagio “diga que no estoy” tan usado en la ya antigua era del teléfono fijo, que de engaños  están plagadas las redes sociales como nos lo demuestran en cada capítulo de ‘Catfish’, nadie puede discutirlo, el asunto es que es un poco triste que uno de los usos de cada nueva tecnología que aparece sea el engaño y que cada vez se haga de forma más pública, en un bus, una fila o un bar, sin importar que haya personas alrededor escuchando; de pronto esquivando la mirada, de pronto tapándose la boca para que no se escape una carcajada ante un exceso de carreta, de pronto grabando en la cabeza las rebuscadas historias para escribir una entrada de un blog.

Hasta la próxima 🙂

 

Acerca de Gloria Esperanza Navarro Sánchez

Gloria Esperanza Navarro Sánchez. Desde el 20 de febrero de 2014, Magíster en Comunicación Digital de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Nerd: brillante académicamente, pero torpe socialmente, fanática de las TIC, con una sola vocación: escribir.
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