Estrategias para fomentar el hábito lector en los jóvenes. Segunda parte.

Acá está la segunda parte de mi entrada sobre estrategias para fomentar el hábito lector entre los más jóvenes, especialmente los que pertenecen a la generación Z, según la clasificación publicada en Colombia Digital en enero.

4. Diga NO a los trabajos académicos aburridos. Sí, es con usted profesor de español y literatura de bachillerato. Los trabajos basados en obras literarias que se limitan a resúmenes, o análisis de tiempos, espacios, lugares y demás, son aburridos y en algunos casos causan que los estudiantes no vuelvan a abrir un libro por su propia voluntad durante muchos años o nunca. Si quiere despertar un amor verdadero por la lectura fomente entre sus estudiantes la escritura a partir de las similitudes que encuentren entre sus propias personalidades, vidas y contextos, y los de los personajes de los libros. Si algo disfruté en la universidad  fue escribir un ensayo sobre cómo encontré a mi país retratado en Cien años de soledad y en cuanto me parecía yo a Fernanda del Carpio, la cachaca que no podía decir groserías :D, del colegio solo recuerdo esa estructura de análisis, creo que mi amor por la lectura no murió en esos años porque estaba vinculado directamente a las experiencias positivas de mi  infancia.

3. Promueva el acercamiento a los clásicos. Las grandes obras de la literatura universal tienen historias emocionantes, épicas, trágicas, cómicas o románticas, a veces todo lo anterior al mismo tiempo, pero los más  jóvenes se pueden perder de todo eso por causa de los ya mencionados trabajos académicos, ya que les resulta más práctico y rápido leer el argumento o un resumen de las características de los personajes para cumplir con un deber. Entonces hay que buscar que se sientan atraídos por su cuenta, sin presiones escolares, hacia esos clásicos. Los medios de comunicación  pueden ser excelentes aliados de los padres de familia en esto. En mi experiencia personal, lo que me llevó a interesarme por leerlos fueron las películas o las series de televisión basadas en libros como Hamlet, La odisea, o Tom Sawyer. Sé de otros a quienes el interés por un clásico se los despertó una parodia hecha en algún capítulo de Los Simpson. Así que recomiendo a los padres promover entre sus hijos el consumo de este tipo de contenidos aprovechando la facilidad con que se puede acceder a ellos a través de las nuevas plataformas tecnológicas desde cualquier lugar y a cualquier hora.

2. Busque libros que los diviertan. Muchas veces, tanto padres como profesores de niños pequeños tienden a escoger libros “que tengan moraleja”,  o que “fomenten algún valor” para regalarles o para leer en clase. Pero en estos tiempos en los que tienen tanto de donde escoger para entretenerse (Smartphones, tabletas, computadores, consolas de videojuegos) si lo que quieren es enganchar a sus hijos o a sus estudiantes con la lectura para siempre deben regalarles libros que los hagan desdoblar de la risa, por experiencia se los digo: resulta más poderoso un ratón metido entre los calzoncillos de un pobre tipo (sucede en Las brujas, de Roald Dahl) que un moralizante Pinocho. Si además de situaciones divertidas, los libros que escojan  tienen ilustraciones llamativas y diálogos (estos últimos facilitan la lectura en voz alta), mucho mejor, basta recordar a Alicia diciendo en el primer capítulo de la obra de Lewis Carroll: «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?». Por la enseñanza o los valores no se preocupen…están implícitos, les están regalando amor por leer, “amor eterno, e inolvidable”.

1. Use la psicología inversa. Esta es basada en un tuit que leí hace poco. Si ya logró que a su hijo le guste leer, y que entre sus planes mencione continuamente ir a la biblioteca más cercana o de compras a una librería (se vale también tienda de cómics), si en algún momento debe aplicar un “correctivo pedagógico” (así les dicen ahora a los castigos) por alguna razón, entonces quítele por un tiempo los libros, claro, si son digitales eso implica quitarle el computador o la tableta (o el smartphone…cómo les duele eso a los jóvenes de hoy en día), o dígale en ese tonito cantaletoso que las mamás saben utilizar mejor que nadie en el mundo algo como: “¡Entonces no va a la biblioteca por una semana!”. Eso de que lo prohibido hace que las cosas nos gusten más es cierto, así que es 99.99% seguro que ese hijo va a sentir unas ganas inmensas de ir a la biblioteca, y a lo mejor lo haga a escondidas ;).

Bueno, espero que alguna de estas estrategias les resulte de utilidad, o que al menos se hayan divertido un poco leyéndolas . Hasta la próxima. 🙂

Acerca de Gloria Esperanza Navarro Sánchez

Gloria Esperanza Navarro Sánchez. Desde el 20 de febrero de 2014, Magíster en Comunicación Digital de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Nerd: brillante académicamente, pero torpe socialmente, fanática de las TIC, con una sola vocación: escribir.
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