El invento del señor Baldwin

Un invento de 1919 que tuvo su apogeo en los ochenta y que actualmente está dejando de utilizarse en esta entrada dedicada a todos aquellos que añoran aquella Bogotá de la “cultura ciudadana” que en algún momento dejamos perder.

Veo cada día a  los ciudadanos contemporáneos. Van felices  con su celulares inteligentes en una de las manos, sin soltarlos casi nunca, como si fueran una parte más de sus cuerpos. Claro, ahí tienen todo, desde la agenda telefónica, hasta su música favorita. Qué CDs, ni qué radios, ni qué walkman ochentero, todo lo que quieran oír está en el “Smart”.

Pero veo también que muchos de estos ciudadanos contemporáneos, por lo menos en Bogotá, en una evidencia más de que aquella “cultura ciudadana”, que tan orgullosos nos hacía sentir de vivir en estas tierras por allá en las cada vez más lejanas y añoradas épocas “Mockusianas”, está casi extinguida, han olvidado el uso de unos aparaticos muy útiles que evitaban que se convirtieran en una molestia para los que están alrededor.

Fueron inventados en 1919 por un señor llamado Nathaniel Baldwin, y comercializados por primera vez a finales de las década de 1930 por la empresa alemana Beyerdynamic. Básicamente, lo que hacen es que una persona pueda escuchar lo que quiera, en forma individual, sin molestar a las demás, que de repente no comparten los mismos gustos, o tienen otras cosas que hacer o en las que pensar. Se les conoce como audífonos o auriculares, y tuvieron sus tiempos más gloriosos en los ochenteros días del ya mencionado walkman.

¿Por qué si actualmente existen modelos de audífonos para todos los gustos y presupuestos, y normalmente vienen unos en la caja con los celulares, no los usan? Cada vez se está haciendo más común, sobre todo en los medios de transporte colectivo que las personas se suban a oír música “a todo volumen”, sin importarles si incomodan a las demás que están alrededor. La edad no importa, he tenido que soportar desde niñas de cinco años oyendo y aullando, perdón… quise decir cantando, canciones de Shakira como si estuvieran en la sala de su casa, hasta gente bastante mayorcita con los “greatest hits” de las orquestas setenteras, pasando por los infaltables adolescentes reguetoneros.

Sin duda, esta costumbre es sólo una pequeña muestra de la sociedad egoísta en la que estamos viviendo y en la que están creciendo los pequeños de la generación Z, donde los demás no importan, donde aquel principio de no hacer a los demás lo que no nos gusta que nos hagan prácticamente dejó de existir. Bueno, como a mí si me gusta ese principio, garantizo que nunca andaré por ahí escuchando rock en busetas, colectivos o Transmilenios, por lo menos no sin audífonos, porque aunque a mí me parezca lo mejor del mundo, sé que a otras personas les suena horrible, estridente.

Para terminar, los invito a todos a utilizar el invento del señor Baldwin cuando estén en lugares públicos (en especial, los medios de transporte), a ver si de pronto a punta de pequeñas acciones que demuestren algo de respeto por los demás logramos rescatar algo de la “cultura ciudadana Mockusiana” que tanto bien nos hizo en el pasado y tanta falta nos hace ahora.

Hasta la próxima 🙂

Acerca de Gloria Esperanza Navarro Sánchez

Gloria Esperanza Navarro Sánchez. Desde el 20 de febrero de 2014, Magíster en Comunicación Digital de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Nerd: brillante académicamente, pero torpe socialmente, fanática de las TIC, con una sola vocación: escribir.
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