Lo de botar


Como madre y ‘ama de casa responsable’, al inicio del año hago el ejercicio de revisar qué hay en la casa, qué sobra y qué no utilizamos para regalarlo o botarlo, porque para mí es necesario limpiar los lugares, sacar lo que no se usa y poner a circular nueva energía.

Este ejercicio lo aplico para los juguetes de mi hija, con quien en un acto de reflexión, voy sacando uno a uno cada aditamento y procedo a preguntarle: ¿lo usas o no lo usas? Lo que no, se va y se bota o regala.

Este mismo ejercicio creo nos hace falta a los adultos en temas tecnológicos y aunque nos cueste un poco más, no por el valor económico sino por la falsa creencia de que ‘algún día servirá’, podríamos preguntarnos: ¿lo uso o no lo uso?

A continuación haré una lista algunos ‘objetos’ que los adultos solemos tener archivados sin siquiera saber para qué sirven o si algún día volverán a funcionar:

  • La colección de cargadores o datos marca Nokia, Samsung, Blackberry, etc., que tenemos en un cajón y que ni sabemos cuál es de cuál, pero que seguro ‘¡algún día los necesitaremos!’.
  • La máquina masajeadora de pies, espalda, cuello que algún día compramos por televentas y que vemos en un rincón del closet, pero por pereza, jamás usamos.
  • El masajeador pasivo para adelgazar, que ni masajea ni adelgaza, pues guardado por años ya ni sirve.
  • La colección de celulares viejos que ya no funcionan o que no usamos por desactualizados, pero que tampoco regalamos por si acaso algún día los necesitamos. Seguro de las cinco reposiciones que hemos hecho, los teléfonos anteriores están guardados en el mismo cajón de los cargadores.
  • La máquina picatodo, el multifuncional de cocina, el rayador automático de queso, el asador y la freidora, que al final ni lo usamos pues todo lo resolvemos con la licuadora y cualquier otro sartén.
  • La cámara de fotos de rollo que compramos hace como diez años, pero que por nostalgia, pese a que ya no venden rollos, conservamos como reliquia.
  • El portatil, computador de escritorio, impresora, teléfono inalámbrico o alámbrico que están en una caja y seguirán allí por mucho tiempo.
  • La cuenta de Twitter, Facebook, Aviancaplus, Almacenes Éxito, Grovesharck, iTunes, etc., que creamos algún día y de las cuales recibimos actualizaciones en el mail pero que ni recordamos la clave, ni las consultamos jamás.
  • La bolsa con el cable de red, de corriente, del VPN, de QNI, cargadores de computador, de teléfono y otros tantos que no sabemos para qué sirven, que siguen guardados por si acaso algún día usamos.
  • Los casetes y disquetes con información importante que no sabemos ni cuándo ni cómo descifraremos, por cuenta de la salida del mercado de los reproductores necesarios.
  • El MP3, MP4, Ipod, que hacen lo mismo que el celular inteligente que hoy tiene y que reposan cómodamente en un cajón.
  • El XBox, Wiii, Nintendo, Family o cualquier consola que acompaña al televisor permanentemente, pero que usamos de vez en mes.
  • La colección de parlantes, audífonos que compramos para cada dispositivo y que no sirven para nada más.
  • La tarjeta débito o crédito de la cuenta inactiva hace por lo menos cinco años.
  • El control del betamax, el televisor quemado, el decodificador nunca devuelto, que no se botan por alguna razón extraña.

Nuestra mente nos tiende una trampa que nos lleva a guardar y guardar cosas aún cuando no sirven para nada. Esta es una buena época para preguntarnos sobre lo que realmente usamos (al menos en el último año) y salir de lo que no, y al final hasta nos podríamos modernizar.

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