CÓMO COMPARTIR ARCHIVOS DE HASTA 2 GIGAS DE MANERA FÁCIL Y GRATUITA

 

Una de las mayores limitaciones que tienen las cuentas de correo electrónico es la imposibilidad de transferencia de archivos grandes. Usualmente se pueden enviar, en promedio, archivos de entre 10 y 20 Mb, dependiendo del cliente de correo que estemos usando. Ello constituye una verdadera pesadilla para quienes trabajan con archivos grandes o para quienes simplemente quieren compartir sus películas o álbumes de música de manera gratuita, pues si bien es cierto que estos archivos se pueden compartir por otros medios como por ejemplo Dropbox, mucha gente aún no se familiariza con el manejo de este tipo de aplicaciones además de que la mayoría de éstas sólo funcionan gratuitamente hasta cierto límite, en el caso de Dropbox hasta 2 Gigas.

Existe una forma muy fácil de transferir archivos voluminosos sin que sea necesario descargar aplicaciones específicas ni pagar por ello, me refiero al servicio llamado “We Transfer”, el cual es gratuito para transferencias de hasta 2 Gb, aunque existe la posibilidad de enviar archivos enormes previa suscripción al denominado “WeTransfer Plus”, el cual permite transferencias de archivos de hasta 5Gb, almacenamiento de hasta 50 Gb permanentes, protección de los archivos almacenados mediante contraseña y por el precio de 10 dólares estadounidenses mensuales pagaderos anualmente.

El servicio es muy fácil de usar y además está en español, basta con ingresar a la página www.wetransfer.com, seleccionar el o los archivos a enviar, ingresar las direcciones de correo de hasta 20 destinatarios y el correo de quien envía. Se da clic en el botón “transferencia” e inmediatamente comienza la carga de los archivos a la nube. Completada la carga, los destinatarios recibirán la notificación en su correo con el link de descarga. Es todo, limpio, fácil, seguro e indudablemente fantástico …

Hasta la próxima …

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MI EXPERIENCIA CON SMARTPHONES 2

Hace casi un par de años adquirí mi primera tableta, una Samsung Galaxy 10.1, sobre la que escribiré posteriormente, que venía con sistema operativo (SO) Android 3.1, denominado Honeycomb. Ahí fue cuando comencé a interactuar con el SO basado en Linux, de código libre y que hoy por hoy es el más usado en el mundo gracias a la famosa marca surcoreana. Los inconvenientes comenzaron cuando quise actualizar el SO a Android 4.0 “Ice Cream Sandwich” (ICS), ya que no podía instalar una actualización original porque Samsung normalmente reserva los nuevos sistemas operativos a los equipos nuevos como estrategia de mercadeo. Ese fue el punto de partida, pues tenía una súper tableta y no quería caer en el juego consumista de comprar una nueva cada vez que apareciera en el mercado. La solución a mis problemas la encontré donde suele encontrarse casi siempre: internet, allí descubrí las comunidades de desarrolladores y geeks dedicadas a Android, entre las que se destacan HTC Manía (en español) y XDA developers (en inglés). En ellas aprendí a rootear (obtener permisos de súper usuario, con acceso a los archivos “Raíz”) el equipo para poder hacer con él prácticamente lo que quisiera, como por ejemplo borrar el SO y flashear mi tableta con el que me gustara, incluso uno distinto a Android. Inicialmente instalé el fabuloso ICS y posteriormente Jellybean (JB), que ya lleva a Android a la versión 4.2.2. Este SO se estrenó apenas hace unas semanas en el nuevo buque insignia de Samsung: El Galaxy S4. Ello fue posible gracias a un grupo de desarrolladores de ROMs para Android llamado CyanogenMod, quienes optimizan de manera gratuita el SO de gran cantidad de teléfonos y marcas.

Después de varios meses de jugar con el SO de mi tableta y fascinado con el mundo de posibilidades que ofrece Android por su código de fuente libre o abierta, decidí dar el salto desde Blackberry a un Smartphone que utilizara dicho sistema operativo y ahí comenzó la búsqueda y elección de mi nuevo teléfono. Inicialmente tenía muy claro que quería un Galaxy S3 de Samsung, pero la ausencia de teclado físico, al que me tenía acostumbrado BB me motivó a explorar otras múltiples opciones. Otra de las características del Galaxy que me hicieron abandonar la idea original de adquirirlo fue la pobreza en la calidad de los materiales en que está fabricada su carcasa, pues está hecho básicamente de plástico, lo que lo hace un teléfono muy frágil y endeble. De hecho, hay incluso un video publicado en YouTube en el que se muestra como queda prácticamente inservible después de una primera caída y bueno, ¿A quién no se le ha caído alguna vez el teléfono?

Un tiempo después de haber iniciado la búsqueda de un teléfono distinto del Galaxy noté que el teclado físico en los terminales de Android está casi exclusivamente reservado a los equipos de gamas media y baja, como el Samsung Chat y otros parecidos de diferentes marcas. Ante esta situación decidí que el teclado físico era prescindible y me enfoqué en elegir un Smartphone resistente, de buenas prestaciones y rendimiento, al mejor precio posible. Fue entonces cuando descubrí que mi operador celular me ofrecía, en reposición y a muy bajo costo, un equipo que hasta el momento no había llamado mi atención: el Razr XT910 de Motorola.

Al principio tuve mis dudas, pues se trataba de un equipo que inicialmente salió al mercado a finales de 2011, por lo que lo consideré demasiado viejo, además venía con SO Android 2.3.6, denominado GingerBread, demasiado obsoleto ya en la era del JellyBean. Sin embargo me encontré con un equipo muy resistente pues su pantalla, de 960 x 540 pixeles y de 4.3 pulgadas, viene recubierta de Gorilla Glass, material que es muy efectivo contra los desconsoladores rayones que en la misma aparecen por distintos motivos con el paso del tiempo. De otro lado, la carcasa del Razr tiene bordes de aluminio y la parte trasera es de Kevlar, un material utilizado para confeccionar chalecos anti balas. Por último, la batería no es extraíble ya que el equipo no tiene tapa trasera, lo que no representa problema en el muy raro evento de que el SmartPhone se bloquee, pues para reiniciarlo basta con oprimir durante unos pocos segundos y a la vez los botones de encendido, volumen + y volumen – . En fin, se trata de un teléfono prácticamente hermético, ideal para usarlo en la playa según leí en algún otro Blog, pues es muy resistente a las salpicaduras, al polvo y a la arena.

También me encontré con que este teléfono de 16 GB de memoria, a diferencia de los Nexus, tiene ranura para tarjeta de micro SD de hasta 32 GB, además de salida para cable micro HD, jack para audífonos de 3.5 mm, cámara trasera de 8 Mega píxeles con flash led que graba video a 1080p, cámara frontal, procesador doble núcleo de 1.2 GHz, 1GB de memoria Ram y batería de 1780ma, lo que lo hace casi tan poderoso como el Galaxy S3.

La decisión de adquirirlo finalmente la tomé cuando, en YouTube, vi un video en el que un Geek conocido como “The Razr Guy”, comparaba el rendimiento de un Xt910 con el de un Galaxy S3 corriendo ambos ICS. La diferencia entre ambos era prácticamente imperceptible, salvo por el precio. Al otro día, muy temprano adquirí mi nuevo SmartPhone, tres meses después de ello puedo decir que tomé la decisión correcta.

Con mi nuevo teléfono he descubierto muchas formas de optimizar el rendimiento del SO, lo que redunda en ahorro de memoria y batería para cualquier teléfono que corra Android. También he descubierto muchas aplicaciones útiles para mantenerlo incluso mejor que el primer día, pero de eso les contaré en una próxima oportunidad …

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MI EXPERIENCIA CON SMARTPHONES 1

 

He sido fan de los Smartphones prácticamente desde que hicieron su aparición en el mercado, el primero que tuve fue un PALM TREO, con sistema operativo Palm OS, que básicamente era una Palm con la que además se podían hacer llamadas telefónicas. Lo tuve aproximadamente hasta el año 2008 en el que, enamorado del sistema operativo por lo intuitivo que era, compré un PALM CENTRO, que era básicamente el mismo teléfono pero más pequeño y liviano.

En 2010 me dejé seducir por BlackBerry porque, a diferencia de Palm, ya no tenía que circunscribirme a buscar aplicaciones en el PC  e instalarlas manualmente corriendo el riesgo de que no funcionaran (Por ejemplo: nunca pude instalar con éxito el Messenger de Hotmail),  además de que tenía conexión WiFi, lo que me eximía de pagar un plan de datos en una época en la que navegar en el teléfono era una odisea por la mala cobertura y velocidad de conexión de mi operador celular.

El BB que compré, el clásico y aun hoy popular 8520, colmó mis expectativas; ahora podía recibir en mi teléfono correo electrónico en tiempo real, chatear en el Messenger de Hotmail o en el nativo de BB (El popularmente llamado PIN), podía compartir mis fotografías sin necesidad de pasarlas antes al PC y podía instalar y desinstalar a mi antojo todas las aplicaciones que fueran compatibles con el SO de mi teléfono sin necesidad de hacerlo manualmente gracias a la App Store de la conocida Marca. Lo único que me molestaba era que se congelaba con relativa frecuencia, lo que me obligaba a retirar y volver a colocar la batería y esperar pacientemente hasta 8 minutos a que el teléfono reiniciara por completo, además de la lentitud de las descargas de las aplicaciones aún estando conectado a la red mediante WiFi.

A finales de 2011, ya cansado de la velocidad de conexión usando mi plan de datos, decidí que era tiempo de migrar a tecnología 3G por lo que adquirí nuevamente un BB, esta vez me hice a un 9360. En este punto debo hacer una pausa para aclarar lo siguiente: 1. Nunca he sido fanboy de Apple, por lo que nunca he considerado la posibilidad de hacerme con un Iphone, 2. Tengo la política de comprar los teléfonos estudiando minuciosamente la relación precio – prestaciones (Sistema operativo, velocidad del procesador, memoria ram y en menor medida cantidad de almacenamiento,  resolución de pantalla y cámara) y 3. Considero que el teclado qwerty físico es mucho más práctico que el virtual.

Hechas las anteriores aclaraciones les contaré como fue que terminé mi matrimonio con BB y me casé con Android. También les contaré cuál Smartphone compré y por qué … pero eso será en la próxima oportunidad.

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