To bit or not to bit

Las reflexiones sobre el entorno digital, hoy son tan pertinentes como hace 10 años cuando se habló de revoluciones tecnológicas y se intentó dilucidar el impacto de la tecnología en la vida de las personas. Existen varios protagonistas en esta historia que llegaron con su libreto aprendido, mientras que otros tuvimos un tiempo largo para estudiarlo en cambio a otros tantos, el cambio de rol no les permitió olvidar su antiguo papel y tal vez nunca puedan ser más que personajes incidentales –pasivos- de esta obra que es el mundo contemporáneo, una combinación de ambientes y experiencias en que se amalgaman múltiples medios y modos de acercarse a la realidad, de interacción, de desarrollo.

 

Las formas básicas de interacción social han mutado en razón a las facilidades de comunicación o lo que podría denominarme interconexión, que permite el enlace de dispositivos que con el paso de los años se han hecho más pequeños. La tecnología avanza con una relación entre tamaño y potencia, entendida esta última como la mejor o mayor capacidad de procesamiento de datos, velocidad y funcionalidad.

 

La realidad por su parte es probablemente lo más relativo que exista y como cualquier otro concepto es consensuada, o simplemente un punto de vista, pero es necesario hablar de ella en tanto dentro de este mundo, escalado como está por ambientes (análogo, virtual, etc.), existen personas (muy jóvenes en su mayoría) para las cuales lo virtual y la tecnología, preceden su existencia, con lo que estos conceptos se han hecho tan ciertos (e incluso necesarios para su existencia) como cualquier otro medio análogo común cuya existencia sea cotidiana, algo natural que no requiere reflexión (o reparar en ello). A modo de ejemplo, para ellos un teléfono celular es  algo característico del individuo y probablemente cada persona lo posea como un adjunto al hecho de su concepción, e igual sucede con los medios electrónicos, el internet, el correo electrónico, y últimamente las redes sociales.

 

Podría decirse entonces que existe la consciencia generalizada de que el mundo conlleva un proyección necesaria en ambientes virtuales, para ello basta tan solo con pensar en alguien que manifieste no tener correo electrónico, una cuenta en Facebook o un perfil en una determinada red social (aunque los dos primeros ejemplos son los más dicientes), lo que sería por menos, un síntoma de desadaptación social.

 

Los seres digitales (ciber personas) son una constante y tienen una aceptación social preeminente, tanto que para los más jóvenes -a los que me refería antes- y que algunos denominan nativos digitales, su mundo asimila totalmente lo digital y virtual, tanto, que hace parte de su vida y constituye una necesidad, reflejada en la conectividad, la expresión a través de estos medios virtuales y plataformas que permitan compartir gustos, opiniones y expresiones culturales.

 

El folklore digital estaría profundamente arraigado en la cabeza de los ciber-nativos, aunque muchos otros se encuentren en transición y otros menos sean dejados de lado por el mundo; el cual dentro de la desmaterialización y la transposición de realidades, requiere de una proyección digital que hace eco en la personalidad común. Esta es la era de la personalidad digital.

 

To bit!

La imagen fue tomada de http://lustaufmeer.deviantart.com/art/Gloss-everywhere-with-a-bit-of-fairy-dust-330710189 (libre distribución).

Acerca de IvanSanchez

Oscar Iván Ramírez Sánchez (Iván Sánchez). Abogado. Candidato a Máster en Propiedad Intelectual. Escritor, ciber-ocioso, geek, especulador, amante de las nuevas tecnologías, observador de la cultura digital y sus implicaciones.
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