Personalidad Digital

A una persona, por más ciber-ociosa que sea, se le puede describir desde su realidad social, jurídica, intima, psicologica… Entonces, le son predicables atributos, que permiten su individualización y el desarrollo de relaciones: su nombre, capacidad (entendida esta como la aptitud hacer), domicilio, nacionalidad, patrimonio y estado civil.

Al referirse al desarrollo de la personalidad, entramos en una esfera de principios, de libertades y garantías propias ya no de un sistema normativo, como si del modelo político en el cual el mismo tiene sustento. Así, el estado se inmiscuye las relaciones sociales amparado en la presunción, de que cada individuo al aceptar el orden social imperante, ha entregado parte de su voluntad, de su capacidad de autorregulación, de su autonomía, con el fin de establecer un contrato social en favor de la construcción de un ente superior con autoridad y monopolio de la fuerza, que tiene el objetivo último de proteger a las personas, y garantizar su seguridad y libertades.

Se tienen entonces, derechos (que desarrollan libertades), aunque también obligaciones y deberes, graduados para decirnos qué se puede hacer, cómo se puede hacer, y qué está prohibido hacer porque atenta contra el orden establecido, aunque se supone que tenemos una garantía para poder ser.

Ser, garantizaría el libre e incluso espontáneo desarrollo de la personalidad, para que cada uno haga lo que desee (libre profesión u oficio), tenga ideas propias y las comunique (libertad de expresión), se mueva o desplace por donde mejor lo considere (libertad de locomoción) y otras tantas derivadas de las anteriores.

El mundo analógico referido en líneas anteriores, se refleja en el mundo digital (entorno virtual o como se le quiera llamar). La facilidad de interconexión por medios electrónicos ha mutado las formas básicas de interrelación humana, fenómeno que acaece desde la masificación de la red mundial conocida como internet. La revolución se presentó cuando se dieron nuevos medios a las personas para expresarse, para desarrollar su personalidad.

El nacimiento de los espacios personales en la red, las bitácoras, weblogs (Blogs), así como el surgimiento de las redes sociales con su precursor, el MySpace, el popular Facebook, y muchas otras que ahora permiten incluso que el aprovechamiento del tráfico, o los eventos noticiosos se hagan mediante una interrelación social en tiempo real, que se ha elevado a prácticamente su máxima expresión con la reducción del tamaño y peso de los dispositivos usados para la interconexión y con las tecnologías inalámbricas de transmisión de datos, en algo que puede denominarse principio de movilidad tecnológica.

Este desarrollo tecnológico y social ha desembocado en una revolución cultural, a raíz de la influencia de todos los medios anteriormente descritos dentro de los ambientes digitales y virtuales enlazados en redes telemáticas. Es así como las personas ahora se desarrollan, comunican y expresan de manera diversa con extensiones propias o atributos de su individualidad, o personalidad dentro del entorno virtual.

Esta personalidad digital seria una extensión virtual del comportamiento del individuo, un reflejo de su pensamiento, de su cultura y del desarrollo libre de su expresión. De igual manera podría no ser una misma, es decir estar divida en varias partes correspondientes cada una a un ámbito (red) o servicio, pero todas igualmente ligadas a quien las originó, y susceptibles de protección tanto como la misma persona sobre la que recae la originalidad de esta creación.

La personalidad digital estaría regida por dos principios: La libre determinación y la Identidad relativa (difusa). La primera se referiría a la libertad que tiene la ciber-persona de establecer la forma para referirse a sí mismo, al igual que como puede ser identificado en términos de palabras, imágenes y demás, lo que puede ser totalmente arbitrario frente a sus características como individuo o persona, es decir, puede determinar libremente nuevos rasgos para su actuar, al igual que deja de ser preponderante la determinación del sexo, genero e incluso las consideraciones de naturaleza étnica. Esta libre determinación llevaría a una confusión en la identidad de esta ciber-persona, no siendo un requisito su nexo con los datos reales, su nombre e imagen. No quiere decir que exista un anonimato total, pero si uno relativo frente a otras ciber-personas, lo que es una garantía de plena libertad digital.

Como atributo de esta personalidad digital aplicable a las ciber-personas, tendríamos en primer lugar el nombre virtual (denominado nickname, usuario, apodo, o incluso conocido gracias al Twitter como el arroba ‘@’), que permite identificar a la persona según la red (o servicio), que puede llegar a ser el mismo dato real, o el correo electrónico, nombre de dominio u otro marcador que permita establecer identidad dentro del entorno digital.

Otro atributo sería el avatar, el cual es una imagen en dos o tres dimensiones, de cualquier tamaño según la red o servicio y que en todo caso al igual que el nombre virtual, se constituye en una forma de identificar a la ciber-persona. En los juegos tiene una representación compleja animada, y muchas veces puede constituir en si misma una completa forma de representación personal.

La ubicación digital sería otro factor identificador y un atributo de la personalidad de las ciber-personas. En principio, las redes informáticas y en general todo el entorno digital, gozan de temporalidad y relatividad en las localizaciones, al igual que no pueden predicarse fronteras, barreras culturales e incluso idiomáticas. La dirección web o URL, el nombre de usuario de Facebook o Twitter, o incluso la dirección de correo electrónico pueden ser ubicaciones, aunque claramente la mejor forma de ubicación se referiría a la red particular o servicio.

Por último y no menos importante, se encontraría la influencia o relevancia asociada a un nombre virtual. Esto, en un ambiente en que tienen una relevancia propia conceptos como la viralidad y las tendencias, es fundamental para establecer los paradigmas de información, para modificar hábitos de consumo de los ciber-navegantes, y le dan forma a las diferentes redes dentro del entorno virtual como comunidades, en donde pueden vislumbrarse diferentes niveles de interacción con las herramientas propias de cada red o servicio, así como el nivel, calidad, profundidad y relevancia de las expresiones individuales.

El mundo virtual es tan complejo como diverso. Genera mecánicas, protocolos y rituales que cada día se alejan un poco más de aquello que circunscribe el actuar dentro de lo analógico. Por ello es fundamental entender y acercarse a este ambiente, a los medios para el mismo y buscar un lugar o varios, dentro del complejo sistema que entrelaza los gustos, emociones, pensamientos y expresiones de una red mundial que como comunidad, es más grande que cualquier nación, país o territorio.

Acerca de IvanSanchez

Oscar Iván Ramírez Sánchez (Iván Sánchez). Abogado. Candidato a Máster en Propiedad Intelectual. Escritor, ciber-ocioso, geek, especulador, amante de las nuevas tecnologías, observador de la cultura digital y sus implicaciones.
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