ESA EXQUISITA PRIMERA VEZ – Parte I.

Por Laura Margarita Medina Murillo

La llegada del computador brindó un giro bastante notorio en mi estilo de vida, encontré que casi todo estaba en ese aparato al que en alguna época desprecié e ignoré. Una vez superada la meta de enfrentar esta nueva página en blanco, empecé a descubrir que el computador no era sólo para transcribir textos y desocupar ese gran espacio que ocupaban las hojas de papel en mi closet y que guardaba desde que era una joven con sueños de escritora.

He tenido más de una “exquisita primera vez” en este nuevo mundo al que me incorporé. ¡Ahh! cómo olvidar mi primera vez con el Internet. Ocurrió una tarde en casa de mi tía Rosa, muy lejos de un computador, al anunciar que mi prima contraía matrimonio con un extranjero.
— ¿Cómo así tía?
— Si mija, la china se casa con un señor de otro país que conoció por Internes, (así pronunció mi tía).
— ¡Dios Santo! ¿Por Internet?
La boda de mi prima fue todo un acontecimiento social de barrio, madre se encargó de comentar al otro día hasta el más mínimo detalle. A la distancia lo veía como en aquella madrugada en que Lady Di contrajo matrimonio con el Príncipe Carlos. Mientras madre hablaba, criticaba y sacaba conclusiones, yo sentía como si todas las hormigas culonas de Santander dieran vueltas sin control por mi vientre. Una noche más de insomnio, una brecha más se abría en este mundo que iniciaba a recorrer, una meta más por cumplir: ¡Conocer el mundo virtual! Y… quizá, conocer ese príncipe azul de mis sueños de niña.

 En esos días tener Internet en casa era todo un lujo, así que acompañada de una amiga que andaba en las mismas, respecto a lo del príncipe, nos trasladamos a una Sala de Internet bien lejos del sector donde vivíamos para evitar comentarios y burlas. Nos sentamos frente al computador, sin saber qué hacer. Por fortuna el encargado de la Sala era un joven bastante amable que nos enseñó como abrir la puerta hacia el infinito, hasta nos asesoró para sacar nuestro primer correo electrónico y cómo usar Google. Así que escribí en la barra el nombre de la página donde mi prima había conocido su esposo, mi amiga MaríaO hizo lo mismo. Nos inscribimos, entramos a curiosear perfiles de toda cantidad de hombres en cualquier lugar del mundo que buscaban amor. Los nervios nos invadían, era “nuestra primera vez”, parecíamos chiquillas, reíamos nerviosas cuando examinábamos fotos; habían señores que nos cortaban el aliento; de mi parte, uno a uno los fui desechando. Unos por jóvenes, otros por viejos; otros por gordos, o por flacos,  los observaba tan guapos y me decía: ¡Deja de soñar! ¡Está muy lejos! Mmm, cuántos suspiros brotaban de mi pecho… Por último envié “un guiño” a un señor mexicano, y otros de diferentes nacionalidades que llamaron mi atención. Salimos de la sala riendo y regresamos a casa atiborradas de ilusiones.
El mexicano resultó ser todo un galán, respondió mi guiño con una romántica poesía. Al solicitar por correo que habláramos por chat, quedé fría. Otra de esas palabras chinas que no conocía, fui honesta, escribí un correo manifestando mi ignorancia y él me enseñó cómo hacerlo.
Toda clase de cosas nos sucedieron con nuestros nuevos amigos virtuales. Una tarde un tipo que dijo vivir en Canadá, abrió la bata de casa que llevaba puesta para mostrar sus genitales; casi me da un soponcio, cerré de inmediato el chat y como era toda una experta, eliminé su perfil. Seguí eliminando contactos, había un panameño que “atendía” desde la cama. ¡Uf! Al final sólo quedó el mexicano. Lo eliminé debido a las escenas de celos que formaba debido a que sólo me conectaba los fines de semana. Jamás logré comprendiera que mi vida afuera debía continuar, tenía compromisos familiares, además debía trabajar y vivir. Un día decidí mandar al traste esa locura de lograr aquello que personalmente no existe, eliminè mi perfil de la página, elegí capacitarme más en el manejo de esta herramienta e inicié a conocer, usar y caminar por la Web de manera fructífera.

Cuando decidí escribir este artículo tenía un motivo especial, si quiero comentar de mi primera vez, debo hablar de cada una de las primeras veces en mi experiencia como “Inmigrante Digital”. No quiero alargar mucho esta primera parte, así que daré un salto y voy a escribir la última “primera vez” que sería la parte final de esta historia y que comparto como primicia debido a lo fresco del suceso:

Desde que conocí el Internet empecé a recibir correos que invitan visitar páginas de ventas “On Line”. Observaba cada oferta, comparaba precios con los de almacenes de cadena, encontraba de todo, algunos más costosos, otros más económicos, cuando estaba a punto de echar mis compras al carrito, algo me detenía, optaba por trasladarme al almacén y realizar la compra personalmente. Decidí mantenerme alejada, no creía en esos negocios a pesar de conocer personas que realizaban compras virtuales sin problemas; mi hija adquirió un computador portátil y una bicicleta “On line”, la venta, el estado de las máquina y todo salió perfecto. De todas maneras siguió mi desconfianza, me negaba exponer el dinero a estafadores o cosas por el estilo.

El Diseño gráfico es otra de mis pasiones, por medio del SENA Virtual aprendí a manejar y me gano la vida con los diseños en Corel, Photoshop, Flash, Dreamweaver, y por los tutoriales en la Web, he mejorado mucho. Sin embargo, cuando mi hija empezó a estudiar Diseño gráfico, descubrí que debía actualizarme.

Un día llegó a mi correo la siguiente oferta:
Curso virtual de ……. HOY: $ 45.000
ANTES:$ 180.000
Aprende lo mejor del diseño con este curso virtual del paquete de Adobe que incluye tutoriales de los programas: Illustrator, Flash, Photoshop, Dream Weaver, Premier y After effects en versiones CS6 y CS5. Conoce todas las herramientas de estos programas para ediciones de imágenes, páginas web y vídeos y adquiere certificación “Mejora tu hoja de vida”.

¡De inmediato decidí realizar la compra!, no dudé ni un minuto, se trataba de mi capacitación, así que me inscribí, a cambio llegó un correo indicando que debía consignar en un banco la cantidad de $45.000, escanear el recibo y enviarlo. Seguí las instrucciones llegó esta respuesta:

Hola, Laura Margarita Medina Murillo
Gracias por tu compra en (Por ahora omito el nombre)
Confirmación del pedido se encuentra en la parte inferior. Gracias de nuevo por su compra.
Su orden #300435533 (creada el 6 de diciembre de 2012 14:19:14 COT)
Gracias, ………..

Reenvié éste correo como se me indicaba. Sentía emoción de saber cómo era eso de las transacciones virtuales, me senté frente al computador a esperar las instrucciones de cómo debía iniciar el anhelado curso. Al ver que pasaron cuatro días y “nanay cucas”, como decía mi madre, escribí un correo a los agentes que me enviaron la oferta, con copia a la empresa vendedora. El martes, 11 de diciembre de 2012 05:18:06 p.m. la respuesta fue muy seria y cortante:

Hola,
Ya recibimos tu correo y estamos en proceso de validación.
!Saludos!

Quedé boquiabierta descolgando baba ante la frialdad de su respuesta. Hoy es 18 de diciembre, aún me encuentro esperando envíen el PIN y las indicaciones para iniciar el estudio de los programas anunciados. Me pregunto:

• Cuando todo en el Internet es tan veloz y permanente, ¿qué clase de proceso de validación debo esperar?
• ¿Cuánto tiempo más me quedaré acá esperando el PIN que quizá jamás llegue?
• ¿Me han timado?

El valor de la consignación no es millonario, sin embargo, es mi “primera vez” como compradora, quiero saber, quiero ver, quiero capacitarme, quiero dejar de pensar que mis temores eran acertados, que no debo exponerme a ser víctima de los tramposos de este mundo virtual que infortunadamente es un arma de doble filo. Siento inquietud al pensar que he sido engañada.

Cada día abro el correo, mi nueva escuela mantiene silenciosa. Recuerdo de otras aventuras, de otras primeras veces en la Web y deseo compartir con ustedes mis aventuras “On Line”, no en esta primera entrega, mañana, será mañana, de la misma manera como me digo cada vez que abro el correo y mi profesor de Diseño no aparece.

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Soy o no soy.

Al recibir invitación de escribir sobre Geek, me quedé pensativa, hice un pequeño recorrido en el buscador mental, recordé a los Nerds, vinieron a mí los chicos Punk, los Emos… agoté recursos mentales e imaginé la respuesta de mi hija Adriana que es una destacada Nativa Digital: ¡Mamá, pregúntele a San Google!, diría ella, pronunciando el nombre del buscador con ese enredo en la lengua propio de estos chicos modernos. Así que ni modo, será investigar otra más de esas palabras que encuentro desde el día que escuché aquella tenebrosa: “digitar”.

Wikipedia respondió de inmediato: Geek es un término que se utiliza para referirse a la persona fascinada por la tecnología y la informática.

Quedé pegada a la silla, me llevé las manos al rostro, levanté la mirada y en el espejo que cuelga en la pared tropecé frente a frente con una mujer de cincuenta y dos años que vive fascinada por la tecnología y la infor…má…ti…ca… 😯 ¿Será que la señora en el espejo es Geek? ¡Cuántas sorpresas me entregan cada día las nuevas tecnologías! Ésta corta e interesante entrada me abrió el apetito para continuar la investigación.

Más adelante encontré ciertas frases que definen a los Geek: “nueva élite cultural”, “comunidad de insatisfechos sociales, amantes de la cultura pop y centrados en la tecnología”. “La mayoría de los geeks se sobrepusieron a un sistema educativo sofocantemente tedioso, donde estaban rodeados de valores sociales detestables y compañeros hostiles, para terminar creando la cultura más libre e inventiva del planeta: Internet y la World Wide Web. Ahora manejan los sistemas que hacen funcionar al mundo”.

¡Vaya! Esto me intriga más a medida que doy clic sobre la información que brinda Google.

Me detengo un momento en medio de esta nota, siento que tengo poco que decir y mucho por explorar y compartir en otro momento, a la vez quiero seguir pero viene el temor de “hacer el oso” y embarrarla como dice Ana Mejía en su blog Común y Corriente

No me gustan los términos medios, cuando inicio a escribir algo debo concluir o termino asfixiada en una larga noche de insomnio, así qué continúo leyendo en  Internet y los Geek me entregan más de una sorpresa.

A punto de teclear el punto final a esta nota, aparece otra página con nuevas propuestas y opiniones: Algunos consejos para ser buen Geek.

Me detengo de nuevo en medio del escrito, miro fijamente a la señora en el espejo y en voz baja, casi como en un susurro, rogando ser escuchada sólo por ella, le lanzo la pregunta. No es vergüenza, es sólo temor a entrometerme en cosas de nativos.

¿Soy Geek? Viene la respuesta: Si. Lo soy.

Enseguida la contradicción. ¡No! No soy Hacker.

Considerando… creo que sí. ¡Sí! Soy Geek. Me identifico con el 70% de los puntos en: 101 señales de ser un Geek

Continúo el auto análisis y confirmo: Me gusta el Internet, las tecnologías me fascinan, los cambios me encantan. Tengo más de un blog que yo misma diseño. Me he revelado ante la sociedad y algunas de sus normas. En casa les ha sido difícil adaptarse a mi manera de vivir, mi madre me observa y dice: ¡Qué iba yo a pensar! Mis hijos, callan y me dejan ser; compañeros y colegas aseguran que estoy loca; otros no comprenden cómo es que abandoné ciertos privilegios para convertirme en una escritora independiente sin ataduras que traten de obligarme a caminar de rodillas.

En cuanto al Internet, divulgo desde el anonimato, sus bondades y a la vez prevengo de lobos con piel de oveja que, como en todo lugar, suelen existir. La mayoría de asistentes a mis talleres de Cultura Digital y de escritura creativa, pensaban que el Internet era sólo páginas sociales, chats y juegos. Llego con mi modelo 60 y les digo. — ¡Hay más! Pellízquense, las Tic son una herramienta educativa, de intercambio en conocimientos, investigación, ofertas laborales, buenas amistades y más opciones que poco a poco les doy a conocer.

Me ataca la gran duda de que así como me rechazan laboralmente por mis maravillosos cincuenta y dos, los nativos no me permitan ser catalogada como Geek.

Inmigrante soy, segura estoy de ello.

¿Inmigrante Geek?

¿Geek?

¿A medias? No me gusta el término medio, soy o no soy, así de sencillo.

Alguien analice y por favor responda.

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LAS TIC Y YO.

Mi vida había sido un cuento de hadas. A pesar de mi crianza en un internado, las cosas materiales habían sido suficientes para una niña a quien sólo le importaban los libros y la música. A su tiempo, me casé con un príncipe. Como toda una princesa fui llevada a mi castillo y encerrada en una gran jaula de oro. Él, más por celos que por cualquier otro motivo, no me permitía trabajar, ni siquiera salir de casa si no era en su compañía. Jamás me compró un televisor, decía que ese aparato era una vagabundería que llenaba la cabeza de cucarachas a las princesas de bien. Sin televisor, por supuesto que me llené de hijos. Me pasaba los días lavando pañales, preparando biberones y atendiendo a mi afectuoso marido. Total el televisor no era indispensable. Sigue leyendo

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