La era de la estupidez

Para ciertas personas (lamentablemente no para la mayoría), preguntarse sobre los procesos sociales que vivimos actualmente, es simplemente una cuestión indispensable.  ¿Cómo no cuestionar la carencia de los derechos fundamentales? ¿acaso es más fácil ignorar está situación y dejar de lado que nos incluye a todos? o ¿somos invencibles y no debe preocuparnos el camino incierto que la humanidad ha decidido recorrer?
Estas preguntas por simples y obvias que parezcan, no tienen cabida en la era de la estupidez.  La televisión, la radio, los periódicos e incluso una parte considerable de internet, están dedicados a producir los aspectos más triviales y vulgares de lo absurdo.  Sin embargo estos medios no son en sí los culpables de la decadencia mental que nos corroe, pues hay quienes saben buscar e investigar de manera selectiva la información requerida para entender el contexto que nos rodea.  No obstante, aquellas personas son una minoría ante el grave problema de vivir sin preguntarse para donde vamos.
En cierto punto es bueno dudar.  Levantarse todos los días a la misma hora o más temprano, no hace la diferencia  en el proceso evolutivo. Seguimos siendo esclavos con ciertas libertades, como las de poder decidir en un supermercado (con la ayuda de los sabios bolsillos), si podemos llevar un producto u otro.  ¿A esto hemos llegado?.  Otra pregunta que no es popular a pesar de tener un buen peso.
El consumo nos ha desviado del conocimiento, los gobiernos manejados por empresarios sin visión democrática, científica e intelectual, son ahora el pan de cada día (cuando se puede comer) en un espectáculo aburrido que no promete un final satisfactorio.  Los actores de está película sin argumento, se han tomado muy enserio el papel de sabotear las razones clave que abandonaron la importancia para convertirse en urgencia. ¡Es ahora o nunca!
Estas amenazas que adornan un panorama ignoto, son reforzadas bajo la manipulación psicológica de un negocio rentable como la religión y otros más…(mucho mejor si el lector se pregunta cuales).  Cabe destacar que la exigencia de pruebas es un pecado que puede acabar con los cimientos de la credulidad.  Sin esta última, serían vanos los esfuerzos por mantener un imperio justificado a través de la fábula, ya que se empiezan a dilucidar las ventajas de preguntar y la inconveniencia de responder, entonces ¿qué esperamos?
Es curioso ver como se subvierte la importancia de leer.  Ahora está de moda dejar de pensar para vestir el atuendo de la idiotez, y por fuerte que esto parezca, es una realidad indiscutible pues son pocos los que tienen la idoneidad para debatirlo (sobretodo si nos basamos en las opiniones superfluas de las figuras publicitarias que sonríen y aprueban cualquier barbaridad).
Nos relajamos en los campos prometedores de la tecnología.  Se ofrecen vidas cómodas donde todo es accesible y funcional, pero ¿porqué solo podemos verlo en la televisión y la publicidad?, ¿ no sería mejor aprovechar y difundir las herramientas tecnológicas para todos, en vez de dedicarse a comprar ‘teléfonos inteligentes’ asumiendo que nos liberan de pensar por si mismos?.  Si esta es la cúspide tecnológica, entonces las preguntas deben ejecutar un papel importante dentro de nuestro conocimiento.
De nada sirve utilizar un objeto sin entenderlo como tal.  Nuestro cerebro es, y ha sido, la base para crear y generar ideas profundas, de lo contrario no habríamos avanzado hasta este punto crucial.  Podemos explicar procesos complejos y suministrarnos un deleite cultural e intelectual satisfactorio que nos ofrece mucho más que los mensajes de texto y las aplicaciones vacuas de lo que nos han vendido como tecnología, además de ser muy cara y poco prometedora.
Los detalles de esta breve opinión, son apenas una superficie sutil de la gravedad que nos acecha.  Es necesario buscar explicaciones racionales ante la euforia mediática y los discursos del miedo que se apoderan de nuestras mentes acostumbradas a lo irrazonable. En esta etapa, una pregunta renace como luz en la oscuridad y es mejor realizar los cuestionamientos por sencillos que parezcan, que simplemente esconderlos y pasar como un entendedor sumiso en la era de la estupidez.

Acerca de Jhoan Sebastian Tamayo Gaviria

Comunicador Social Periodista, egresado de la Universidad del Quindío. Me gusta la lectura crítica, las propuestas narrativas en cualquier aspecto de la información y el lenguaje.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *