El sistema de esperar

En este país, el sistema de salud es un viejo amigo de la paciencia, esperando por mucho y a la vez por poco.  Yo por ejemplo, me encuentro en una sala de espera donde la calma se convierte en desespero y los rostros enfermos de tanta espera, esperan a ser atendidos por el médico, la enfermera, el funcionario o una ficha que los espera.

Las horas son largas y la relatividad se libra de toda norma.  Las esperanzas se funden con el tedio de la mañana, tarde y noche, pues aquí siempre se espera una y otra vez, hasta completar el ciclo de un reloj cansado pero dispuesto, tan dispuesto como cada personaje en esta sala.

Aquí todos son iguales, metidos dentro de una caja con paredes blancas y sonrisas cansadas.  La muchedumbre se reduce al tic tac repetitivo, los susurros desmotivados y cotidianos, se mezclan entre los pacientes  y  las enfermeras que también sonríen con leve impaciencia, ellas esperan, todos esperamos… ¿Y usted qué turno tiene?

Espere, ¿Quién es usted? ¿A qué viene? ¿Tiene los documentos?, bueno con mucho gusto ya lo hago pasar, espere un momento…Preguntas y cansancio, laberintos y escaleras, todo es una señal de que pronto seré atendido, no sin antes esperar.

Esperé un momento llenando una encuesta, uno de esos documentos aliados al sistema de la espera.  A mi lado, una anciana espera también, sus ojos se clavan en el reloj, después en la ficha que tiene en sus manos temblorosas y luego de vuelta al reloj.  Yo me pregunto cómo una persona que ha esperado casi toda una vida, termina en un lugar de estos, sólo para seguir esperando.

Los bebés lloran, las madres no dicen nada, están cansadas y sólo necesitan que los números avancen.  La puntualidad no tiene entrada en esta sala, parece como si nada pudiera agitarse, es un lugar detenido en el tiempo y el espacio, un cuarto de luces pálidas y aburridas.

El médico sale de su consultorio, miro mi turno y después su cara.  – Espere un momento que ya lo atiendo – me dice. Supongo que ya no debo esperar tanto, entonces espero y espero, soy el último de la sala y el primero en darme cuenta, ¿De qué?

La puerta se cierra, la atención es corta y poco convincente.  Salgo del consultorio y veo un nuevo rostro que acaba de llegar, entonces pienso: Bienvenido a la sala de espera.

 

Acerca de Jhoan Sebastian Tamayo Gaviria

Comunicador Social Periodista, egresado de la Universidad del Quindío. Me gusta la lectura crítica, las propuestas narrativas en cualquier aspecto de la información y el lenguaje.
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