¡Transparencia en la velocidad real de las conexiones de banda ancha!

La banda ancha se ha posicionado en nuestro argot popular como sinónimo de alta velocidad (o ancho de banda) en la transferencia de información en la internet. Sin embargo, mayoritariamente las publicitadas súper-velocidades quedan solo plasmadas en los contratos que firman los operadores con los consumidores, quienes terminan pagando por una conexión que en realidad proporciona velocidades inferiores y de baja calidad.

Toda conexión a internet se caracteriza por dos velocidades: la velocidad de bajada (ancho de banda de bajada) o de transferencia de información desde el operador hacia el cliente (determina la rapidez con la que el cliente puede descargar información de la internet); por otra parte, la velocidad de subida (ancho de banda de subida) o de transferencia de información desde el cliente hacia la internet (determina la rapidez con la que el cliente puede enviar información). El valor real de estas dos velocidades depende de varios factores. Para usuarios fijos (conectados con fibra óptica o líneas de cobre), estas velocidades se encuentran determinadas por la distancia del cliente a la central del operador, la calidad de los cables, la congestión en la red, hora del día, etc. Para usuarios móviles, dependen igualmente de la distancia del móvil a la antena del operador, del número de usuarios en el área de cobertura y de la ubicación del usuario (zonas exteriores o interiores). Todos estos factores influyen notablemente en la velocidad que realmente pueden suministrar tecnologías como FTTH (fibra óptica, conocida también como el 4G de las redes fijas) y LTE (4G). Por esta razón, es muy común ver que varios clientes conectados a un mismo operador, con el mismo plan, experimenten velocidades totalmente diferentes.

Los proveedores de banda ancha, sean estos fijos o móviles, actualmente pueden cobrarle a los clientes el precio contratado de la conexión sin importar lo que realmente están suministrando en términos de calidad. Esto es consecuencia, dentro de otros factores, de la falta de transparencia en la publicidad y comercialización de la banda ancha. En promedio, en muchos casos, los clientes reciben solo entre el 74% y 85% de lo que contrataron, por lo que existe una diferencia no despreciable entre las velocidades de banda ancha publicitadas por los operadores y las que realmente se suministran a los usuarios. ¿Cómo puede un cliente demandar mejor calidad de servicio si no conoce realmente el tipo de conexión que contrató?, ¿cómo puede elegir un cliente el tipo de conexión y plan que mejor se ajusta a sus necesidades si la publicidad de los operadores es inexacta y confusa?.

Fuente: adaptada de imagen tomada de la internet

Los operadores deben y están en la obligación de demostrar, no solo a las autoridades reguladoras competentes sino a sus usuarios, que las velocidades que promocionan en sus planes se suministran realmente a un porcentaje razonable de sus clientes activos. La transparencia en la publicidad importa porque ésta resalta el verdadero valor e impacto de la nueva tecnología en la sociedad, se enfoca en la calidad que merecen los usuarios y no solo en los precios que estos deben pagar. Es importante que los entes reguladores competentes establezcan reglas claras para la comercialización de servicios banda ancha fijos y móviles. La publicidad divulgada a través de páginas web, medios impresos, radio y televisión debe aclarar para toda conexión banda ancha la siguiente información:

  • No una velocidad de la conexión (porque esto es físicamente imposible en la práctica), sino por el contrario, especificar las velocidades máxima y mínima de subida y bajada garantizadas para de esta forma permitir que los clientes cancelen sus contratos si estas condiciones no se cumplen.
  • Las restricciones geográficas de las velocidades.
  • Para conexiones que incluyen el llamado paquete triple play (internet, voz y televisión en una sola conexión) se debe especificar la velocidad de subida y bajada por cada servicio; de esta forma el cliente sabe lo que realmente consume.
  • Si el ancho de banda o velocidad no es garantizado, el proveedor debe indicar la velocidad esperada en condiciones de operación normal y bajo congestión.
  • Adicionalmente, para servicios móviles como LTE (4G), la publicidad debe aclarar si las velocidades se obtienen en zonas exteriores o interiores.

Todo usuario tiene el derecho de saber lo que la velocidad o ancho de banda publicitado por los operadores le permite hacer online, para de esta forma hacer la mejor elección a la hora de contratar un plan. Sin embargo, lamentablemente los medios de comunicación en su mayoría, sin tener un conocimiento claro al respecto,  abruman a los usuarios con términos o siglas confusas como: LTE, BW, GB, Mbps, Kbps; los cuales son totalmente ajenos a cualquier usuario promedio, lo que permite prácticas nocivas en la comercialización de la banda ancha. Por esta razón, los programas de alfabetización digital deben enfocarse también en educar a los clientes en el uso y entendimiento de este nuevo lenguaje, no al nivel de un experto en tecnología, pero si al nivel de un consumidor digital. De esta forma, el usuario puede comprender que en muchos casos la banda ancha no es siempre ancha sino más bien angosta. Es necesario empoderar a los usuarios con el conocimiento necesario para que con criterio elijan bien el producto que contratan, y puedan de esta forma reclamar sus derechos en caso de discrepancias en la prestación de sus servicios.

Ronald Romero Reyes                                                                                                                  ICT Researcher                                                                                                                       Technische Universität Chemnitz, Germany                                                                             Chair for Communication Networks

 

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