Redes Sociales: radiografía de nuestra naturaleza humana

Hay diversas opiniones a favor y en contra de las redes sociales; sin embargo, definirlas de forma radical como buenas o malas sería tan arriesgado y atrevido como tratar de decidir si el hombre es bueno o malo por naturaleza. Por el contrario, considero, estas no son más que el reflejo de la vida psicológica y social inherente a los seres humanos, una radiografía de nuestros matices culturales. Existen redes sociales para todos los gustos; sin embargo, en conjunto esbozan la forma en la que nos estamos relacionando con nosotros mismos, con nuestro entorno y los demás. Tanto virtudes como vicios se hacen presentes en estos espacios, demostrando por un lado cómo el interés individual en algunos casos sirve al bienestar común, y por otro, desnudando la decadencia moral que ha venido permeando nuestra sociedad “moderna y civilizada”.

Respecto a este tema, llamó mi atención la columna Juntos pero solos* del historiador colombiano Jorge Orlando Melo, la cual hace referencia a tendencias y cambios de comportamiento producidos por las nuevas herramientas tecnológicas. Personalmente, creo que estos cambios no son más que una expresión de las diversas facetas socio-culturales que han acompañado a la humanidad a lo largo de su evolución histórica. Específicamente, las redes sociales reflejan lo que hemos sido y lo que estamos haciendo de nosotros mismos como sociedad.

Tomada de: http://indiagarner.wordpress.com

¿Qué buscan las personas al pertenecer a una red social?. Para algunos, las redes sociales son la oportunidad perfecta para escapar de su vacío interior, personalidades obtusas que a falta de riqueza interior buscan complacencia y aceptación social en la auto adulación. De esta forma, en la medida en la que muestran a los demás que poseen dinero, viajan, van a fiestas, tienen la pareja ideal y poseen una posición laboral “digna”, piensan que logran mayor “aceptación, reconocimiento y prestigio”. Esto ocurre porque prefieren renunciar a sí mismos con tal de recibir aprobación del mundo, como si el ser dependiera del beneplácito de los demás. Este tipo de comportamientos son el reflejo de una sociedad que le otorga valor a las personas no por lo que son en sí mismas, sino por la riqueza material que tienen y lo que socialmente representan (es decir, lo que se es ante los ojos de los demás). En una sociedad donde la tontería domina, este fenómeno podría definirse citando al filósofo y escritor colombiano Nicolás Gómez Dávila: “la inteligencia aisla, la estupidez congrega”.

También dentro de este universo virtual están aquellas personalidades perversas que sin ningún tipo de recato atacan la integridad psicológica y física de los demás. Personas vulgares que buscan denigrar a la mujer, abusar de los niños y buscar autocomplacencia a través del sufrimiento ajeno. Todo esto resultado de un proceso de descomposición social que podría ser descrito a través del escritor Julian Rees: “Lo asombroso es que la sociedad occidental parece no percatarse de cuan desprovistos de riqueza interior estamos. Pretendemos, a través de nuestra obsesión por la tecnología y las ciencias, que la moral no sea tan importante como el aire que respiramos y el agua que bebemos. La humanidad parece empeñarse en satisfacer sus apetitos sensuales en detrimento de su propia existencia…”. Parece ser que para algunos, su estrategia de vida ha sido huir de sí mismos a través de la creación de una falsa y endeble realidad.

Sin embargo, en medio de esta mayoría se encuentra la inmensa minoría. Así es, personas que se hacen presentes en este universo virtual a través del talento, la creatividad, el conocimiento, el arte y la cultura; personas que han aprendido a escuchar para aprender y a hablar para enseñar. Individuos que crean capital cultural a través de la generación de ideas con valor, personalidades despojadas de todo interés vulgar y superficial. Son estas personas las que hacen viable cualquier sociedad en medio de todo tipo de hipocresía, mediocridad y pesimismo.

También están aquellos que simplemente han decidido no pertenecer a estas sociedades virtuales, simplemente porque con su realidad inmediata les basta. En todo caso, sin importar los avances tecnológicos y si pertenecemos o no a una red social virtual y/o real, es cierto que siempre el ser humano por supervivencia tendrá que interactuar en comunidad; sin embargo, lo más importante para la realización plena de toda persona siempre será lo que se tiene en sí mismo, esa personalidad que está en todo momento y en todo lugar definiendo los sucesos inmediatos y futuros de su propia existencia.

Ronald Romero Reyes                                                                                                                  ICT Researcher                                                                                                                       Technische Universität Chemnitz, Germany                                                                             Chair for Communication Networks

*  http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jorgeorlandomelo/juntos-pero-solos-jorge-orlando melo-columnista-el-tiempo_12960544-4

 

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *