Por una televisión realmente abierta e incluyente

En el mundo de las TIC algo existe cuando tiene impacto social, tal es el caso de la radio y la televisión. Desde el inicio de la comercialización de los primeros sistemas de radiodifusión análogos a principios del siglo XX, estos dos servicios han jugado un rol preponderante como garantes de la preservación y desarrollo del patrimonio cultural de los pueblos. Por tal motivo, desde su génesis, radio y televisión fueron concebidos como servicios de tipo universal; es decir, que se deben suministrar a la población independientemente de su nivel de ingresos y localización geográfica.  Este concepto se ha mantenido hasta nuestros días; sin embargo, el proceso de liberalización de las telecomunicaciones iniciado en la década de los 80, junto con la convergencia tecnológica, regulatoria y de servicios ha planteado varios desafíos a las políticas sectoriales relacionadas con estos servicios.

En cuanto a la televisión, a nivel técnico, desde principios del siglo XXI los sistemas tradicionales de radiodifusión análogos en el mundo comenzaron a ser migrados a sistemas de televisión digital terrestre (TDT). Esta nueva tecnología permite la radiodifusión y recepción gratuita de video de alta definición HD (High-Definition) a los ciudadanos. Adicional a este cambio, operadores de televisión por suscripción y canales de televisión privados han surgido como actores principales en el mercado de contenidos audiovisuales. Es a partir de este momento que la televisión empieza a cambiar su razón de ser; pues en esencia, considero, comienza a dejar de ser (¿será que si lo ha sido alguna vez en realidad?) promotora de la preservación y desarrollo del patrimonio cultural, y pasa a convertirse en un negocio rentable. Independientemente de este cambio de „misión”, ha sido una tarea constante de los gobiernos estipular medidas regulatorias que garanticen a sus ciudadanos el acceso gratuito al servicio de televisión radiodifundida y abierta (ofrecido por canales privados y públicos). Lo anterior significa que canales nacionales, regionales y municipales de televisión pública y privada deben desplegar sus redes de radiodifusión (análoga y/o digital HD) suministrando cobertura, y por ende servicio, sin costo alguno; respetando de esta forma el principio de servicio universal. Pero, ¿donde quedan los operadores de televisión por suscripción?.

Tomada de: http://www.cvillavicencio.com/

Los operadores de televisión por suscripción, quienes generalmente suministran su servicio a través de redes satelitales, en fibra óptica o en cobre, deben posibilitar, gratuitamente, la recepción de los canales de televisión abierta pública y privada disponibles en el área donde se encuentre cada cliente. Lo anterior plantea tres derechos claros y no negociables de los usuarios. Primero, los canales de televisión pública y privada deben garantizar el suministro, dentro de sus áreas de cobertura y con óptimos estándares de calidad, del servicio de televisión digital terrestre HD sin costo alguno. Segundo, los operadores de televisión por suscripción deben prestar su servicio sin que técnicamente se impida o deteriore la recepción de la señal inalámbrica gratuita de televisión digital terrestre HD de los canales abiertos. Tercero, si el operador de televisión por suscripción suministra, además de su paquete de canales ofertados, las señales HD de televisión abierta pública y privada, entonces estas últimas deben ser ofrecidas sin costo alguno.

Este tercer y último punto deja una tarea clara a la autoridad reguladora competente, a los operadores de televisión por suscripción y a los canales de televisión abierta: independientemente de los intereses comerciales de estos dos últimos, el usuario está primero y por lo tanto éste no debe pagar por la recepción de las ya mencionadas señales de HD. No es de extrañar que actualmente, dentro del modelo de negocio imperante de la televisión, algunos canales de televisión abierta pretendan obtener ganancias por suministrar sus señales HD a través de las redes de los operadores de TV por subscripción.  De hacerse posible este escenario a nivel legal, sin un estudio previo riguroso, muy probablemente el mayor perjudicado va a ser el usuario, pues es éste quien va a terminar asumiendo los costos. Por lo tanto, este debate debe fomentar el desarrollo de políticas sectoriales que protejan a los usuarios, que promuevan igualdad de condiciones para los actores y que garanticen neutralidad de red en el mercado de la televisión. De esta forma se permite el uso y difusión de contenidos legales sin ningún tipo de discriminación, sin atentar contra el derecho al libre acceso a la información y al conocimiento.

Soy partidario de un mercado abierto y liberalizado; también creo en el derecho que tienen los canales de televisión privados y los cable operadores en lucrarse de su actividad comercial, pero no estoy de acuerdo con los desmanes que estos cometen en detrimento de los usuarios, más aún cuando se trata de un servicio universal. Todo esto me lleva a afirmar mi idea de que la televisión dista mucho de ser la “promotora de la preservación y desarrollo del patrimonio cultural”, tal y como lo promulgan las leyes y constituciones de varias naciones. Al contrario, y hablando como televidente, pienso que la TV no es más que un negocio que se lucra a expensas de contenidos mayoritariamente estériles, vulgares y carentes de todo capital cultural. En todo caso, dejando de lado mi punto de vista respecto a los contenidos, los cuales no son objeto de esta discusión, los usuarios necesitamos que el sector (todos los actores involucrados) asuma un debate que estipule medidas claras y contundentes. Necesitamos protección de nuestros derechos, como también políticas que fomenten igualdad de acceso a la información, neutralidad de red, desarrollo y estímulo de competencia sana que nos permita tener acceso a una televisión realmente abierta e incluyente.

Ronald Romero Reyes                                                                                                                  ICT Researcher                                                                                                                       Technische Universität Chemnitz, Germany                                                                             Chair for Communication Networks

 

 

 

 

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