¡La prensa perdió su papel, no más periodismo vulgar!

Indudablemente el periodismo juega un papel de primer nivel en la vida política, económica, cultural y social de cualquier pueblo. Su razón de ser desde su génesis ha sido informar. Es precisamente este rasgo el que lo dota de un poder que puede ser tanto benéfico como malintencionadamente peligroso para el desarrollo de cualquier sociedad. Recordemos que la información proporciona conocimiento, el cual a su vez otorga el poder de cambiar la realidad inmediata de cualquier individuo y su entorno. De ahí que el manejo que sea haga sobre la información sea un factor crítico, relevante y prioritario para cualquier sociedad que se auto-denomine “del conocimiento”.

La información se genera, se transporta, se almacena, se presenta y se registra. Para que este proceso se lleve a cabo es necesaria la intervención de varios factores a nivel de fondo y forma. A nivel de forma, sistemas de gestión como las TIC brindan las herramientas tecnológicas para el transporte, almacenamiento y registro de la información. A este nivel la información se gestiona sin alterar el contenido del mensaje. Entonces, ¿quién o qué tiene la capacidad de manipular este contenido dentro del proceso?, es aquí donde intervienen los factores a nivel de fondo. La información nace en la fuente, sin embargo, el mensaje como tal puede ser procesado y modificado cuando éste se presenta. A este nivel no hay TIC que valga, pues aquí solo hay una herramienta capaz de intervenir el mensaje: la corteza cerebral, la misma que nos dota de conciencia, la que ha creado la civilización actual, la que nos diferencia de los demás animales, la que gobierna nuestros actos, la que actúa guiada por preceptos éticos y morales. Es decir, somos nosotros mismos quienes directa y voluntariamente influimos en la presentación de lo que percibimos como información.

Es en la presentación de los mensajes donde el periodismo asume un rol determinante por la forma en la que éste procesa y modifica los contenidos para divulgarlos, es decir, para informar. Citando la definición de Wikipedia*:  “El periodismo es una actividad que consiste en recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información relativa a algo de la actualidad,…persigue crear una metodología adecuada para poder presentar cualquier tipo de información valiosa, ser objetivo, buscar fuentes seguras y por tanto verificables para el lector”, ¡una labor nada despreciable!, luego es claro que el papel del periodismo es informar haciendo un trabajo riguroso en la selección de la información, tomando como premisa el principio de objetividad, sin modificar la naturaleza de los mensajes. Sin embargo, la realidad nos muestra lo opuesto a la citada definición: un periodismo que da pena, que es mayoritariamente mediocre, parcializado, dañino, lacayo de los poderes políticos y económicos, cínico, sin valores morales y peligrosamente vulgar en sus fondos.

Imagen tomada de: http://www.elquintopoder.cl/medios/una-nueva-generacion-para-el-periodismo/

Aclaro, uso la palabra “mayoritariamente” porque hacer un juicio inductivo tendiente a generalizar sobre el rol del periodismo, sería caer en los vicios del mal manejo de la información de los que son esclavos buena parte de los periodistas. Pues como miembro de la opinión pública, reconozco y soy consciente  que existen y han existido periodistas con una ética profesional intachable, que han tenido un compromiso inquebrantable con la verdad, la objetivad y la rigurosidad científica en el manejo de la información. Estas personas representan una especie en vía de extinción en un medio donde la vanidad, la arrogancia, la tontería y la falta de ética profesional dominan el día a día.

¿En qué parte de la etapa de presentación de la información falla entonces mayoritariamente el periodismo? Verificar la calidad de la fuente es importante y un deber ineludible, sin embargo, el mayor foco del problema está en el procesamiento y modificación que se hace sobre los mensajes a comunicar. Cabe anotar que en algunos casos no es posible y/o viable publicar la información tal y como viene de la fuente, pues que de ser así, posiblemente el mensaje no sería claro para su receptor. En este contexto, es necesario hacer un procesamiento previo para que el mensaje sea entendible sin que ello implique cambiar la naturaleza de la información; es en este punto donde los contenidos son vulnerables a ser manipulados malintencionadamente. Para entender mejor esta discusión sería bueno preguntarnos, ¿de qué están hechos los mensajes que nos llegan día a día a través de la radio, la televisión, la prensa escrita, la Internet?, de un elemento muy preciado que tenemos los humanos hace 70.000 años: el lenguaje. El lenguaje es importante porque es difícil vivir sin él, es convencional porque necesita definir patrones y palabras para poder entendernos, es  representacional porque lo usamos para referirnos a objetos y describir sucesos, y es social porque con ese fin lo desarrollamos, es decir, con el de comunicarnos con los demás.

El uso del lenguaje permite construir argumentos con los que se puede cambiar para bien o para mal la naturaleza de un mensaje. Desde este punto de vista, con el lenguaje, la información puede ser procesada y modificada con tres propósitos específicos: explicar, justificar, persuadir. Estos propósitos en sí mismos no son malos, pero se pueden emplear como un arma letal cuando de tergiversar la información se trata. Explicar un mensaje es dar razones válidas sobre por qué, dentro de su contexto, algo pasó o por qué algo es verdad o mentira; el objetivo es ayudar a la gente a entender la noticia a través de la contextualización. Este propósito mal manejado puede ser usado para desinformar y polarizar la opinión pública. Por otra parte, justificar (particularmente útil en el periodismo de opinión) busca mostrar al público buenas razones para que estos crean en las conclusiones realizadas por el periodista sobre un tema determinado. Finalmente, con la persuasión se pueden manipular los mensajes para inducir un cambio en las creencias y/o acciones de la opinión pública; se busca que los demás crean lo que el medio de comunicación quiere que crean. Malas razones y/o argumentos no pueden lograr persuadir fácilmente, de ahí que el mal periodismo no necesariamente se fundamente en las acciones de personas poco inteligentes, sino más bien en individuos muy capaces pero carentes de toda ética profesional; lo que demuestra que uno de los cánceres del periodismo no está generalmente en el qué se hace sino en el cómo se hace.

El periodismo serio y objetivo es el que se compromete con la búsqueda y divulgación de la verdad, es el que usa de manera responsable los elementos del lenguaje argumentativo (como la explicación y la justificación) para presentar la información sin modificar su naturaleza, es el que comunica los sucesos tal y como son duélale a quien le duela, es el que tiene como premisa fundamental la ética y es el que no se vende a los poderes políticos, económicos e ideológicos de turno. Es una lástima que el periodismo actual diste mucho de este arquetipo, sus propios vicios de fondo y forma le restan credibilidad, lo desdibujan y lo condenan por los daños que causa a la sociedad; pues no hay pócima más  letal contra el desarrollo que un periodismo soberbio, auto-adulador, cobarde y mentiroso junto con un pueblo ignorante y carente de criterio. Cuando se falta al deber de informar con la verdad, se corre el riesgo de que las palabras dejen de ser palabras y pasen a tener impacto directo en la realidad, condenándonos de esta forma al subdesarrollo y al atraso social y mental.

El asunto es muy simple. El periodismo debe informar respetando las máximas conversacionales usadas para propiciar la comunicación efectiva. Es decir, usando el lenguaje argumentativo debe a nivel de cantidad, transmitir la información sin decir más de lo requerido y sin decir muy poco para que la información no se pierda. A nivel de calidad, no divulgar nada sobre lo que no tenga ninguna razón sólida para creer (veracidad); a nivel de relevancia, ir directo a la noticia sin cambiar el objeto del mensaje (imparcialidad). A nivel de estilo, presentar la información de forma ordenada, coherente y sin ambigüedades. Cuando estas reglas se respetan se logra una verdadera comunicación, pero cuando estas se violan es cuando se da paso al engaño y la tergiversación. El periodista tiene el deber de informar la verdad independientemente de sus intereses personales y de los de terceros, sin buscar agradar ni complacer a nadie. El problema es de tipo ético, fácil de resolver con tan solo un cambio de actitud, o imposible de resolver si se sigue anteponiendo la parcialidad, mezquindad y la insolencia a la ecuanimidad.

Ronald Romero Reyes
ICT Researcher                                                                                                                    
Technische Universität Chemnitz, Germany
Chair for Communication Networks

 *http://es.wikipedia.org/wiki/Periodismo

 

 
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