Censura y libertad de expresión en la internet

La condena a una persona que hizo un comentario a una noticia publicada por un periódico en su portal web, una caricatura ofensiva contra un equipo de fútbol y los millones de mensajes cargados de xenofobia que día a día inundan las redes sociales, son apenas algunos ejemplos que plantean el debate sobre la censura y libertad de expresión de las opiniones y contenidos publicados en la internet.

La diversidad a nivel de origen étnico, sexo, idioma, religión, posición social, opinión política, etc., es la que hace imprescindible la creación de mecanismos que garanticen la armonía y construcción de consensos para el bienestar y el desarrollo social. Uno de estos mecanismos es la libertad de expresión, la cual constituye la base de la tolerancia a la pluralidad de pensamiento. Soy partidario y defensor de la libertad de expresión tal y como ésta es definida en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos*: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.  Llama especialmente mi atención el siguiente aparte del artículo: “…este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones”; particularmente, la idea expresada por ésta línea es la que generalmente se usa como argumento contra la censura por parte de aquellos que de cierta forma sienten vulnerado su derecho a opinar. Sin embargo, si nos restringimos sólo a este aparte para defender la libertad de expresión, se abre entonces paso a una serie de ambigüedades y malinterpretaciones que han mostrado ser dañinas en la práctica. Como tenemos derecho a no ser molestados a causa de nuestras opiniones, ¿somos entonces libres de emplear no solo las redes sociales, sino cualquier medio de comunicación para calumniar, ofender y atentar contra la honra, reputación e integridad psicológica de cualquier individuo y/o grupo social?. La respuesta, en mi opinión es NO; este debate se debe abordar no desde una visión simplista y conveniente, sino desde un punto de vista global y ético.

El mismo artículo 19 nos da una clave importante, y es el derecho (y DEBER desde mi punto de vista) que tenemos “de investigar y recibir informaciones y opiniones”; lo cual se complementa con lo expuesto en el artículo 12 de la misma declaración: “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. Estas declaraciones permiten dilucidar el verdadero trasfondo del derecho a la libertad de expresión, el cual está implícitamente plasmado en el DEBER que tenemos todos de hacernos responsables de nuestras opiniones. Es decir; somos libres de expresarnos, pero debemos reconocer los límites éticos del ejercicio de este derecho. Dichos límites éticos no significan restringir nuestras opiniones para agradar, adular y quedar bien ante determinado grupo social y/o poder político y económico; tampoco significa el privarnos de expresarnos libremente por miedo al rechazo, la condena o la censura. Los límites éticos, por el contrario, están definidos con nuestro deber de opinar y divulgar información y puntos de vista usando argumentos coherentes, que construyan ideas y generen debate sin caer en la calumnia y la ofensa. Antes que ejercer el derecho a la libertad de expresión tenemos que aprender a autoimponernos el deber moral de guiarnos por la prudencia, aquella virtud que nos enseña a regular nuestras vidas y acciones de acuerdo a los dictados de la razón.

Imagen tomada de: http://pintos-salgado.com/

Adicionalmente, en el artículo 29 de la citada declaración: “Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad”, se muestra la importancia de reconocer que somos individuos sociales. Por tal razón, nuestras acciones y pensamientos deben guardar coherencia ideológica y moral, no solo para el libre ejercicio de nuestros derechos, sino para garantizar el bienestar común, lo cual implica el deber de respetar a los demás, reconociendo que todos podemos pensar diferente. De este modo, el ser humano que desarrolla libremente su personalidad es aquel que aprende a superponerse a los vicios, es el que se hace responsable de sus acciones y de las consecuencias que de estas se deriven, es el que guía su vida por los principios de la rectitud y justicia, es el que NO persigue y calumnia a aquellos que piensan diferente, y es el que rechaza y condena las injusticias, envidias, venganzas y egoísmos que perjudiquen a los demás. Aunque todo esto pueda sonar algo utópico, creo firmemente en la capacidad que tiene todo individuo de doblegar sus pasiones y vanidades para aprender a comunicar constructivamente. En este sentido, secuencialmente se debería: 1- Usar la ley moral inmanente a cada persona con el fin de escuchar para aprender y de comunicar para educar y construir. 2- Hacer uso del derecho a la libre expresión para divulgar opinión, creando de este modo debates vinculantes y constructivos. 3 – Si la ley moral no es capaz de doblegar los vicios de la injuria, la calumnia y el irrespeto; es decir, si uno como individuo no es capaz de respetar y tolerar, entonces es cuando el orden jurídico debe intervenir para garantizar a toda persona o grupo social el “derecho a la protección … contra tales injerencias o ataques”.

El problema es que un medio de comunicación como la internet, que ha trascendido todo tipo de fronteras geográficas, ha sembrado una serie de falsas creencias en las conciencias de las masas. Dentro de estas está el creer que toda la información que se presenta en la red es veraz; que todo individuo es libre de ofender, denigrar y calumniar a través del anonimato y/o distancia que concede el estar detrás de la pantalla de un dispositivo electrónico. A esto se le llama ser orate, cobarde; lo más deplorable y peligroso es la creencia que libertad de expresión puede ser sinónimo de tolerancia a este tipo de conductas. ¡Concedámonos primero el derecho a liberarnos de las ataduras de la ignorancia y luego sí ejerzamos nuestro derecho a opinar de forma libre, objetiva y responsable!. El asunto no es regular TODO lo que se opina y se publica en la internet y demás medios, por el contrario, el desafío está en debatir y definir la frontera entre la libre expresión y la calumnia, entre la censura y la tolerancia a la infamia. En una sociedad donde domina la ignorancia, donde poca importancia se le da a la ley moral, es importante que se modernicen los sistemas legislativos para garantizar verdadera libertad de expresión. Hemos demostrado los humanos a través de la historia que no hemos aprendido a autorregularnos, y por ello hemos tenido que crear leyes para evitar el caos. Esta realidad se encuentra tácitamente expuesta en la misma declaración de los derechos humanos: “En el ejercicio de sus derechos…, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás…”. En síntesis, las leyes deben ajustarse de forma tal que, minimizando su injerencia y cualquier tipo de influencia nociva, garanticen el derecho a opinar libremente evitando a su vez toda forma de difamación e injuria recalcitrante.

Ronald Romero Reyes
ICT Researcher                                                                                                                    
Technische Universität Chemnitz, Germany
Chair for Communication Networks

 *http://es.wikipedia.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_Universal_de_los_Derechos_Humanos

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