¿Qué tan angosta es la banda ancha?

Los avances tecnológicos en las telecomunicaciones han impulsado el desarrollo de mercados cuya dinámica gira entorno a nuevos conceptos técnicos y de servicios que, en mi opinión, aún distan de ser debidamente entendidos por la mayoría de los usuarios. Es así como día a día nos encontramos con términos como big data, internet de las cosas, web 2.0, Mbps, GB, LTE, 4G, banda ancha, espectro, etc. ¿Cómo digerir toda esta nueva terminología?, ¿es necesario para el usuario promedio entender qué quieren decir estos términos?. Pienso que no es necesario llegar al nivel de entendimiento propio de un experto en el tema, pero si es imprescindible adquirir un conocimiento preciso sobre qué es, para qué sirve y qué se puede hacer con estos conceptos dentro de nuestro contexto social. La falta de conocimiento al respecto se ha prestado para que actores del sector, como gobiernos y operadores de servicios, en muchos casos creen falsos imaginarios en el común de las personas con el fin de satisfacer sus intereses personales. Ésto ha motivado la temática del presente artículo, cuya discusión gira en torno al concepto de banda ancha.

Dispositivos como los teléfonos inteligentes, las tabletas, los computadores portátiles y de escritorio envían información en la internet usando el mismo principio: el mensaje a transmitir (voz, video, texto, datos, etc.) se segmenta en pequeñas unidades de datos llamadas bits. Estas unidades se transportan a través de la red a una tasa de transferencia, o velocidad, comúnmente expresada en bits por segundo bps; de ahí que un enlace de 1 Mbps tenga la capacidad de transmitir por cada segundo transcurrido 1.000.000 de unidades de datos. Este concepto de tasa de transferencia vino a popularizarse con el tiempo bajo el término de ancho de banda de la conexión. Desde del surgimiento de la internet como servicio de comunicación masivo, a principios de la década de los noventas, el mayor reto tecnológico ha sido poder implementar conexiones con mayores anchos de banda. El primer paso consistió entonces en usar las redes telefónicas existentes para enviar datos; de este modo nació el internet conmutado, tecnología que permitía anchos de banda máximos de 56000 bps (56kbps), con la desventaja de no hacer posible la realización simultánea de llamadas telefónicas junto con la navegación en la web. Esta limitante planteó el reto de no solo lograr mayores anchos de banda, sino también el de idear redes capaces de transferir simultáneamente diferentes flujos de información. Y es de esta forma como en los noventas nace la primera definición de banda ancha: toda conexión a internet que tenga la capacidad de transportar unidades de datos con un ancho de banda mayor a 56kbps será considerada como de banda ancha, de lo contrario será catalogada como de banda angosta. Por supuesto, esta definición tiene sentido dentro del contexto histórico citado, pues una velocidad de 56kbps, o mayor, suponía cosas inimaginables para aquel entonces como la derrota del correo escrito por parte del emergente correo electrónico.

Lo que vino posteriormente fue una serie de innovaciones tecnológicas cuyo fin ha sido afrontar los dos retos impuestos: mayores anchos de banda y convergencia de servicios. Las comunicaciones fijas implementaron tecnologías DSL (Digital Subscriber Line – Línea digital de abonado) para traer banda ancha sobre los pares de cobre existentes, solución que actualmente está siendo superada por el despliegue de fibras ópticas al domicilio del usuario (tecnología conocida como FTTH o fibra al hogar). En cuanto a las comunicaciones inalámbricas, 4G y Wi-fi están haciendo lo suyo para mejorar el desempeño de las conexiones que usan las ondas de radio. Esto ha desencadenado la evolución de una espiral donde al inicio de cada ciclo tenemos un mosaico de tecnologías que potencialmente satisfacen las necesidades de ancho de banda del mercado; como consecuencia, se estimula el desarrollo de nuevos servicios y aplicaciones. A su vez, este desarrollo plantea la necesidad de infraestructuras más robustas, impulsando entonces la creación de nuevas tecnologías, iniciando de este modo un nuevo ciclo en la espiral. Cada ciclo es caracterizado entonces por una nueva banda ancha, la cual define la mínima velocidad necesaria para satisfacer los requerimientos de los servicios y aplicaciones del momento.

Imagen tomada de: http://www.region10.net/regional-development/broadband/

¿Cuál es entonces la definición actual de banda ancha?. A partir de la primera definición basada en los 56kbps, la respuesta es que en los últimos 20 años no ha existido un consenso al respecto; por el contrario, han coexistido varias definiciones emitidas por diversos organismos. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) y la Federal Communications Commission (FCC – organismo regulador de las comunicaciones en USA) han pasado por definir en la última década la banda ancha como toda conexión con velocidades superiores a 2Mbps, 256kbps y 4Mbps respectivamente. Si a esto le sumamos las definiciones oficiales estipuladas por cada nación (en latinoamérica la definición en promedio está entorno a 1 Mbps), terminamos con un compendio de cifras inconsistentes, dispares y poco dicientes respecto a lo que en realidad es la banda ancha. Conclusión: ¿Qué tan angosta es la banda ancha?, pues es lo suficientemente angosta como para poder garantizar la publicación de estadísticas que hablen favorablemente de los programas de los gobiernos para masificar el uso de la internet, como también para aplaudir los esfuerzos de los operadores en cuanto al despliegue de infraestructura. En otras palabras, la banda ancha se ha posicionado y convertido en una marca para hacer marketing con un servicio que debe tener un enfoque netamente social. Es un “algo” (por la ambiguedad misma de su definición) que parece solo servir para crear estadísticas de papel, lejanas de la realidad, cuyo fin es halagar la eficiencia de gobiernos de turno, de reguladores y de operadores en su deber de cerrar la llamada brecha digital. ¿Qué credibilidad se puede conceder a estadísticas nacionales e internacionales sobre la penetración de la banda ancha cuando ni siquiera hay consenso respecto a su definición?, ¿es acaso imposible establecer una definición global?.

Una definición es posible siempre que se reconozca a la banda ancha como un concepto relativo y cambiante en el tiempo. Un prerrequisito ineludible para los actores del sector al plantear la discusión, es entender claramente la naturaleza y dinámica misma del ecosistema digital infraestructura, servicios, aplicaciones y usuarios. La implicación es que más allá de definir un límite de velocidad mínimo para las conexiones, lo que se debe comprender es cuáles son los servicios y aplicaciones que demandan los usuarios dadas las condiciones tecnológicas del momento. Adicionalmente, para un ecosistema digital como el actual, que está migrando al paradigma web 2.0, el cual concibe a los usuarios como potenciales generadores de contenidos, es necesario que la definición involucre no solo la velocidad de acceso desde la red hacia el usuario (ancho de banda de bajada), sino también la velocidad desde el usuario hacia la red (ancho de banda de subida).  Hasta el momento la multiplicidad de definiciones se han enfocado en velocidades de bajada.

¿Por qué es necesario definir la banda ancha?, porque el hacerlo trae implicaciones importantes sobre la forma en la que se pueden regular los proveedores de servicios y los mercados. Esto obligaría a los operadores a desplegar infraestructura que realmente tenga la capacidad de brindar banda ancha (de subida y de bajada) a los usuarios; adicionalmente, reorientaría los debates en el sector respecto a la implementación de políticas sectoriales referentes a precios, cobertura y accesibilidad. Las condiciones del ecosistema digital actual, a nivel mundial, sugieren que una conexión de banda ancha debería como mínimo soportar un ancho de banda de bajada de 10 Mbps y de subida de 4 Mbps, lo cual pone contra las cuerdas a las conexiones “banda ancha” existentes en regiones como latinoamérica, países donde mayoritariamente todo acceso con velocidad (de bajada) superior a 1 Mbps es considerado como de banda ancha. Este es tan solo un ejemplo de cómo se ha diseminado la errónea idea de la masificación de la banda ancha, cuando en realidad estamos es siendo testigos de un despliegue sin precedentes de la banda angosta. Es necesario que los gobiernos junto con sus autoridades reguladoras aborden la discusión y tomen medidas acordes a lo que necesita la sociedad, teniendo presente que las estadísticas son buenas en la medida en que estas reflejen la realidad. ¿Cómo plantear estrategias para cerrar la brecha digital sin saber qué tan estrecha o ancha es la misma?, es como tratar de enhebrar una aguja con los ojos vendados. Que no nos siga pasando como sociedad lo que a los pozos profundos, que tardan mucho en percatarse lo que en realidad a su fondo ha caído.

Ronald Romero Reyes
ICT Researcher                                                                                                                    
Technische Universität Chemnitz, Germany
Chair for Communication Networks
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